No te estás volviendo loco: Manual para humanos en circunstancias 'jodidas'
06 Jan, 2026
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Por Psic. Steffany Vizcaíno
Si tienes días despertando a las 3:00 a.m. con el corazón a mil, si revisas Instagram, Tik-Tok y X (Twitter) cada cinco minutos como si tu vida dependiera de un hilo, o si sientes un nudo en el estómago que no se quita ni con un café: no te estás volviendo loco, ni eres "débil".
Lo primero que quiero decirte es que es normal.
Es normal que no puedas concentrarte, que estés de mal humor o que sientas una fatiga que no se cura durmiendo. No es paranoia; es tu sistema nervioso haciendo el trabajo para el que fue diseñado: mantenerte vivo en un entorno que percibe como hostil.
Es normal que no puedas concentrarte, que estés de mal humor o que sientas una fatiga que no se cura durmiendo. No es paranoia; es tu sistema nervioso haciendo el trabajo para el que fue diseñado: mantenerte vivo en un entorno que percibe como hostil.
Deja de darte látigo. No estás perdiendo la cabeza; simplemente estás siendo humano en una circunstancia "jodida".
Me tomó 3 horas escribir esto, "mi primer blog"; aunque venía postergando mis ganas de drenar y compartir en palabras, creo que este momento nacional me dio el empujón que necesitaba para arrancar.
Ahora... Hablemos de un tema biológico muy importante "Tu cerebro en modo Supervivencia"
Para entender por qué nos sentimos así, hay que mirar hacia adentro (y de la bóveda).
En el centro del cerebro existe una estructura pequeña llamada Amígdala. Imagina que es como el detector de humo de tu cuerpo (lo sé, me gustan estas analogías, es un placer culposo).
Cuando vivimos eventos de gran escala -ya sean cambios de mando, conflictos en la calle o una incertidumbre política que se puede cortar con un cuchillo- la amígdala se activa a toda mecha. Ella no sabe distinguir entre un tigre que te va a comer y una noticia de último minuto (sobre lo que ya tu sabes que pasó); para ella, el peligro es total, real, ahí está.
En el centro del cerebro existe una estructura pequeña llamada Amígdala. Imagina que es como el detector de humo de tu cuerpo (lo sé, me gustan estas analogías, es un placer culposo).
Cuando vivimos eventos de gran escala -ya sean cambios de mando, conflictos en la calle o una incertidumbre política que se puede cortar con un cuchillo- la amígdala se activa a toda mecha. Ella no sabe distinguir entre un tigre que te va a comer y una noticia de último minuto (sobre lo que ya tu sabes que pasó); para ella, el peligro es total, real, ahí está.
En este estado, el cerebro libera una descarga de cortisol y adrenalina. Tu cuerpo se prepara para tres cosas: luchar, huir o congelarte.
- La ansiedad aquí no es un trastorno psicológico, es una respuesta adaptativa.
- Tu sistema está en modo "alerta máxima" porque el entorno es real y las amenazas, para muchos, también lo son. Es biología pura, no falta de voluntad.
No estoy 100% segura de que esto te funcione a ti que me lees, pero...
¿Cómo bajamos las revoluciones?
Si bien no podemos cambiar "la situación" desde la sala de nuestra casa o estando lejos de ella, sí podemos gestionar cómo nuestro cuerpo procesa la crisis.
Aquí tienes tres herramientas prácticas para no fundirte:
Aquí tienes tres herramientas prácticas para no fundirte:
1. Dieta de información (No te encadenes, que esos tiempos ya pasaron)
Estar informado es una necesidad, pero estar "infoxicado" es un suicidio emocional. Revisar el teléfono cada 5 minutos no va a cambiar lo que pase, pero sí va a destruir tus niveles de cortisol.
- La regla: Elige dos momentos al día (ejemplo: 10:00 a.m. y 6:00 p.m.) para leer noticias durante 15 minutos. El resto del tiempo, el teléfono lejos - FÁCIL, fácil no es pero te garantizo que valdrá la pena-.
- Si algo realmente importante pasa, te vas a enterar, te lo aseguro.
2. Anclaje sensorial (Bajar a tierra)
Cuando sientas que el pecho se te aprieta, necesitas sacar a tu cerebro del futuro (el "qué irá a pasar") y traerlo al presente. Usa la técnica del 5-4-3-2-1:
- Identifica:
- 5 cosas que veas a tu alrededor.
- 4 cosas que puedas tocar (tu ropa, la mesa, el teléfono).
- 3 sonidos que escuches.
- 2 olores.
- 1 sabor o una respiración profunda. Esto le dice a tu amígdala: "Ey, en este preciso segundo, aquí donde estoy sentado, no me está pasando nada".
3. El Círculo de Control
Hay una diferencia enorme entre lo que te preocupa y lo que puedes influir.
- Fuera de tu control: Decisiones internacionales, qué dice el político de turno, el futuro del país a seis meses.
- Bajo tu control: Tu rutina, qué vas a cocinar hoy, llamar a un amigo para desahogarte, cumplir con tu trabajo, cuidar tu red de apoyo. Enfócate en lo pequeño. Mantener una rutina mínima (bañarte, comer a tus horas, ordenar un cuarto) le da a tu cerebro una sensación de orden en medio del caos total.
Para cerrar: La situación está compleja, nadie lo niega. Pero recuerda que para poder ayudar a otros o para ser parte del cambio que quieres ver, necesitas que tu motor (tu mente) no se funda.
Cuida tu energía como si fuera el último litro de gasolina en la estación.